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  • España es el séptimo exportador de armas del mundo

    El gobierno de coalición de Sánchez sostiene e incluso refuerza el apoyo a la industria de defensa

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    LA VANGUARDIA - IGNACIO OROVIO, SANTIAGO TARÍN, JAUME V. AROCA - 18/01/2021

    La autorización de exportaciones de armas en el primer semestre de 2020 alcanzó los 22.544,8 millones de euros, de largo, la más alta de los últimos diez años.

    España se ha convertido en este periodo en una potencia en el sector de la defensa, hasta situarse en el séptimo puesto mundial. Vendemos armas a nuestros socios europeos y de la OTAN, pero también a nuestros aliados estratégicos, algunos extraordinariamente incómodos.

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    A la espera de conocer el informe completo de 2020, la cifra exige algunos matices. Las autorizaciones no son necesariamente ventas realizadas, sino el trámite previo. Las transacciones completadas en los primeros seis meses del año –venta y exportación– de material de guerra suman 1.189,7 millones de euros, un 5% de lo que se ha autorizado. Se trata de una cifra baja que, según reconoce el informe, está condicionada por la crisis de la Covid-19.

    No obstante, lo cierto es que las autorizaciones del primer semestre apuntan a un incremento extraordinario, producto, en su gran mayoría de programas de armamento compartidos con los socios europeos.

    Europa aconsejó a sus socios en plena pandemia que protegieran a sus empresas estratégicas

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    Alemania, Francia, Gran Bretaña y Bélgica acaparan 19.000 millones de los 22.000 ya aprobados. Estos programas están esencialmente vinculados al proyecto Eurofighter y al avión de transporte A400M, esto es, a Airbus.

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    Pero lo cierto es que el gobierno de coalición parece decidido a sostener e incluso reforzar el apoyo del Estado a la industria de defensa. En plena crisis de la pandemia el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, se reunió en julio pasado con el presidente de Airbus, Guillaume Faury. España se comprometió a seguir comprando material de guerra al consorcio europeo del que forma parte. En la lista: cuatro aviones, 36 helicópteros y el compromiso de financiación para otros programas.

    Faury había advertido que el desplome del sector, debido a la Covid-19, podía obligar a hacer severos ajustes en la plantilla de Airbus en España, con factorías en Madrid, Castilla-La Mancha y Andalucía.

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    Algo parecido ocurrió con la compra de los carros blindados VCR 8x8, un programa largamente esperado por el Ejército de Tierra que quedó desbloqueado en agosto. El acuerdo por el que se adquirirán 384 carros pone a salvo puestos de trabajo en las cuatro compañías que construirán este vehículo, Santa Bárbara, Escribano, Sapa e Indra, pero en especial a la primera de ellas, una de las grandes proveedoras del ejército y también uno de los principales enlaces con el complejo industrial militar norteamericano General Dynamics.

    Ambas iniciativas del Gobierno tienen que ver también con la advertencia cursada desde Bruselas para que los países de la Unión traten de blindar a sus empresas estratégicas ante el temor de que las pérdidas generadas por la crisis conviertan a estas compañías en una presa fácil.

    El contrato de los VCR 8x8, con un techo de gasto de 2.100 millones de euros, ha puesto a salvo por algunos años la factoría de Santa Barbara en Trubia, Oviedo.

    Este sector se ha convertido en un campo de batalla para los poderes regionales. La industria de defensa española, a la que se atribuye el 7,8% del PIB industrial español, es un asunto relevante para cinco comunidades: Madrid, Andalucía, Castilla- la Mancha, Galicia y el País Vasco.

    Pese a la primacía de Madrid, diversas regiones viven pendientes de los programas de defensa

    Le siguen, por este orden, Andalucía, que dispone de plantas de ensamblaje de aeronaves de Airbus y los astilleros de Navantia; el País Vasco, con una importante tradición en la industria del armamento, que obliga al gobierno autonómico a jugar con las dos piernas, defendiendo al sector a la vez que trata de calmar al inquieto movimiento pacifista vasco; y Galicia, que también tiene astilleros de Navantia. Se estima que el sector da trabajo a 150.000 personas.

    Sin embargo, el futuro para ellos no está asegurado. El mundo también ha cambiado para la industria de defensa. Por varios motivos.

    En primer lugar, porque han emergido nuevos productores que compiten ya abiertamente en el mercado global en calidad, precio y en escrúpulos. Sin duda, China es uno de ellos, pero hay más.

    En segundo lugar, porque la sofisticación y la diversificación tecnológica obliga a la concentración del sector. En España el 80% de las casi 700 empresas que participan en esta industria son todavía pequeñas y medianas.

    Y por último, porque el concepto de guerra ha cambiado. La pregunta que formula Félix Arteaga, del think tank Instituto Elcano, es “¿vamos a invertir en proyectos que cuando salgan de fábrica no sabemos si serán útiles en los nuevos conflictos que se pueden plantear en el futuro?”. Nadie tiene la respuesta a su alcance, pero Artega sugiere “hoy, un portaviones puede ser más un blanco que un sistema de ataque”. La futura guerra puede desarrollarse en el software antes que en el hardware.

    El grupo socialista en el Congreso presentó en octubre una proposición no de ley –esto es, una declaración de intenciones– en la que defendía que los contratos que se hagan en materia de defensa de ahora en adelante deberán desarrollarse en España. Basta de comprar sin más fuera de casa.

    Zaida Cantera –militar de carrera y hoy diputada del PSOE– propone en esta iniciativa que “aquellas tecnologías de defensa que no tenemos en España se desarrollen aquí incorporando esa tecnología a nuestras empresas mediante acuerdos de colaboración”.

    La idea puede colisionar con el derecho de compañías extranjeras a competir por los contratos de defensa. En realidad, esa política es la que ya aplican muchos países para su industria. Y esa misma estrategia es la que está forzando a las empresas españolas a aspirar a colocarse en lo que Arteaga define como cadenas de producción. Cada compañía aporta una parte hasta ensamblar una nueva arma multinacional.

    La pugna que libra Europa en estos momentos, y en la que está comprometida la propia Comisión, es en conseguir que esas cadenas de empresas sobrevivan en los países de la Unión. Pero para ello deberá compensar con sus recursos las presiones del mercado. La OTAN se desdibuja en esa estrategia.

    Desde hace algunos años, la Unión está empezando a destinar recursos públicos. Los fondos de resiliencia por Covid no serán ajenos a este propósito.

    La proposición de la diputada Cantera fue aprobada en la comisión de Defensa pese a la oposición del socio de gobierno, Podemos. El diputado del partido de Pablo Iglesias en la comisión, Roberto Uriarte, mantiene una leal pero hostil oposición. Sin embargo, da la impresión de que Podemos no quiere abrir ese flanco, o al menos no airearlo, y que el PSOE acepta ese papel crítico.

    https://www.lavanguardia.com/politica/20210118/6184205/espana-septimo-exportador-armas-mundo.html


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