Política Exterior de la Rep.Argentina



  • Sergio Eissa: «El Atlántico Sur es relevante geoestratégicamente»
    14 febrero 2021, 05:50

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    Sergio Eissa es Doctor en Ciencia Política por la UNSAM, Magíster en Ciencias Sociales con mención en Relaciones Internacionales por la FLACSO y Licenciado en Ciencia Política por la UBA. Es a su vez docente-investigador en temáticas de Defensa, Seguridad Internacional y ciudadana y Política Exterior en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Ha ocupado diversos cargos de gestión universitaria en distintas casas de estudio. Actualmente es Director Nacional de Formación del Ministerio de Defensa. Ha publicado numerosos libros y papers en revistas especializadas, además de ponencias en congresos nacionales e internacionales.

    Recientemente concedió una entrevista a la publicación especializada Zona Militar. Ante la presencia de capacidades militares en el Atlántico Sur que conocimos este viernes, nos pareció oportuno republicarla íntegra.

    Recomendamos su lectura. Es larga, pero muy importante.

    «Zona Militar – ¿Qué diagnóstico de manera sintetizada se puede hacer de la realidad de la Defensa Nacional?

    Sergio Eissa – Creo que la situación de la defensa nacional estuvo atada a los vaivenes que ha tenido el país. Me acuerdo que en las jornadas en que se presentó el Libro Blanco 2010, Ernesto López decía que el modelo agroexportador no necesita política de defensa. En ese modelo, con una sociedad civil políticamente activa como la argentina, lo que necesitás es control de la población, establecer orden, para lo cual no necesitas Fuerzas Armadas. Por eso, buscan bajarlas de nivel. Ahora si tenés cosas que defender; si tenés un proyecto de desarrollo; si valorás los recursos estratégicos; si tenés otra mirada, necesitás una política de defensa.
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    El presupuesto en defensa nacional como porcentaje del PBI -de acuerdo al SIPRI- en 1990, que es cuando se alcanza el control civil de las Fuerzas Armadas, era de 2,4% del PBI hasta alcanzar el 0,9% en el 2001. Desde entonces se ha mantenido constante como porcentaje del PBI.
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    Si uno empieza a analizar el presupuesto en mayor detalle, lo que ha habido, sobre todo con la gestión Garré, son intenciones de ir recuperando capacidades, como por ejemplo, el proyecto de modernización del Hércules, el proyecto Pucará o el Pampa. Sin entrar a discutir si sirve o no, o si se puede hacer otra cosa, considero que si durante 30 años no pintaste tu casa o no arreglaste un cable, te va a salir más caro después de 30 años hacerlo.
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    Ahora lo que tenemos es el FONDEF, que no es la panacea tampoco, pero es un paso adelante y tiene la virtud que fija un horizonte. Vos con eso podés planificar y podés ir priorizando y recuperando determinadas capacidades que todo el arco académico y político sabemos que están mal.

    ZM – ¿Para usted, cuáles son las principales amenazas que enfrenta el Estado argentino donde podría intervenir el ámbito de la Defensa Nacional?

    SE – Hay una larga discusión que a mí me sorprende. Hace algunos años publiqué en un artículo y, medio en broma y medio en serio, dije que en Argentina tenemos a los “realistas nostálgicos”, que quieren recuperar las hipótesis de conflicto con Chile y Brasil; a los “liberales ingenuos”, que piensan en la paz perpetua y que el comercio entre las naciones harían innecesaria la defensa; y después están los “realistas dependientes”, que tienen muy internalizados lo que son los intereses estratégicos no de Argentina sino de Estados Unidos.

    Yo pienso que, y se lo digo a mis estudiantes, hay que pararse frente al mapa bi-continental. Ahí podemos ver un área geoestratégica que abarca la Patagonia, el Atlántico Sur, las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y la Antártida. Está todo interrelacionado.

    Ahí hay actores que ya estaban jugando en esa área y actores que empiezan a jugar. Estados Unidos publicó en el año 2020 una directiva para incorporar capacidades militares para operar en el Ártico y en la Antártida. En la Antártida el Tratado no tiene vencimiento, lo que si tiene vencimiento es el Protocolo de Madrid sobre la explotación de recursos. Por ello, me sorprende que los “realistas” dependientes no la tienen en cuenta.

    El otro día escuche en una charla al Secretario de Malvinas de Ushuaia decir que parte de su territorio estaba ocupado por una potencia extracontinental, lo cual es clarmente cierto. Nosotros ahí tenemos a Gran Bretaña que puede proyectar poder hacia el Pasaje de Drake, hacia la Antártida, en el Atlántico Sur y sobre nuestro territorio continental.

    Sin violar lo que dispone la cláusula transitoria primera de la Constitución Nacional, tenemos que reconocer que hay una potencia que, a mi criterio, es una clara amenaza; ya se apropió de las islas y es una amenaza para el resto del continente y la Patagonia, donde hay baja densidad poblacional, un vacío geopolítico y recursos muy importantes. Me parece que lo que tenemos que hacer desde la academia es visualizar esto y reconocer la amenaza que representa para nuestro territorio.

    ZM – ¿Cómo evaluaría la situación del Instrumento Militar de las Fuerzas Armadas y cómo cree que debería orientar la política la adquisición del equipamiento pensando en el futuro?

    SE – La orientación futura del reequipamiento militar tiene que estar guiada por la directiva de política defensa. Hay que recuperar el Plan de Capacidades Militares (PLANCAMIL), actualizado, porque obviamente los valores del 2011 no son los mismos que ahora. No obstante, muchas de las prioridades no han cambiado, en el sentido que el diagnostico que podíamos hacer en ese momento lo podemos hacer ahora. Por ejemplo, seguimos sin contar con una aviación de combate que es importante.

    Asimismo, y como decía Storni a principios del siglo XX, Argentina tiene que mirar al mar, a la Antártida y los espacios insulares. El reordenamiento del despliegue, de la organización y de las prioridades en cuanto a la incorporación de medios tienen que estar en función de lo que observo como académico y respondí en la anterior pregunta, y no tanto perder el tiempo con el narcotráfico o el tránsito aéreo irregular: entre 2014 y 2018 solo el 0.01% estuvo relacionado al narcotráfico. La droga entra por la hidrovía Paraná-Paraguay y no se ha derribado ningún avión. No está todo radarizado, pero tampoco se va a derribar nada porque no llueve droga en el norte, entra por camiones o entra por la hidrovía. De hecho el único avión que se derribó, lo hizo un helicóptero de Gendarmería porque se posó encima.

    Si queremos en Argentina, el octavo país en extensión territorial, operacionalizar el mapa bi-continental en temas de hard power, me parece que las prioridades tienen que estar fijadas por la directiva política de defensa. Reitero, actualizar el PLANCAMIL mientras se avanza con el ciclo de planeamiento nuevo y recuperar capacidades navales, aeronavales y aeroespaciales que hemos perdido en estos treinta años.

    ZM – ¿Cuáles deberían ser los aliados naturales de la Argentina en el contexto mundial y qué ámbitos de cooperación cree que se puede profundizar?

    SE – Está claro que un país tiene que tener aliados y no amigos. La otra vez lo escuchaba a Paulo Botta que decía que Turquía y Rusia se llevan mal con el tema Siria, pero que en caso del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán encontraron un punto en común. Me parece que Argentina tiene que tener aliados en función de sus intereses y lo primero que hay que tener claro es cuáles son esos intereses estratégicos, los vitales son una obviedad. En función de ellos establecés alianzas, confluencias con distintos países y no necesariamente atarte a un solo esquema de alianzas. Tratar de jugar algo más multilateral o multinivel.

    Esto implica un desafío enorme en esta etapa que vivimos desde el 2008, un proceso de transición a nivel estratégico y económico, que no significa el fin del capitalismo y la globalización, sino una mutación de los mismos. También se observa un desplazamiento del eje de poder del Atlántico Norte al Pacífico, con hegemones que están ascendiendo, como China. Ahí la política exterior argentina tiene que ser muy hábil para moverse en ese mundo incierto. Si nos movemos con una densidad más importante como país y en relación a los países de la región, el margen de maniobra que tendremos será mejor que si lo hacemos solos. Si lo hacés solo y tenés una baja densidad en cuanto a capacidades, se te va a hacer más difícil moverte en un mundo que está cambiando, pero no sabemos hacia dónde.

    Está claro que nosotros no tenemos el tamaño de Brasil y este es un aliado estratégico, independientemente de quién ocupe la presidencia. El otro aliado estratégico es Chile y esto no es nuevo: tenemos el antecedente del ABC. El ABC es muy importante como plataforma para Argentina tanto en lo económico como lo estratégico. Ahí entran también Uruguay y Paraguay que ya forman parte del MERCOSUR, y al que sería muy importante sumar a Bolivia.

    Alfredo Forti, el ex Secretario de Asuntos Internacionales para la Defensa, hablaba de círculos concéntricos. El primer círculo es América del Sur. Argentina tiene que entender que ese es su ámbito de desenvolvimiento, en donde nos necesitamos mutuamente para poder salir a este mundo incierto. Si esto era importante cuando retornaron los regímenes democráticos, y mucho antes incluso, en este mundo en transición tener esa densidad regional me parece muy relevante, independientemente del formato institucional que tenga. No me preocupa tanto el formato institucional sino lo concreto.

    ZM – ¿Cómo evaluaría usted la percepción actual de la ciudadanía sobre el rol de las Fuerzas Armadas?

    SE – Creo que con la Operación General Belgrano que impulso el Presidente de la Nación y el actual Ministro de Defensa, las Fuerzas Armadas lograron una visibilidad que no tenían.

    Era muy común escuchar entre ciudadanos, académicos o políticos que “los militares están todo el día tomando mate”. Yo tengo la suerte de tener una pata en la academia y otra en la gestión, entonces no tengo los defectos de la academia de decir “hay que comprar tal cosa”. Sí, yo también quisiera comprarlo, pero estando en la gestión se conocen los límites.

    Entonces la Operación Belgrano visibilizó para la ciudadanía lo que nosotros ya sabíamos; que cuando hubo un desastre como un terremoto en Chile las Fuerzas Armadas argentinas estuvieron recuperando comunicaciones; cuando fue el tema de Haití nuestras Fuerzas Armadas estuvieron con unidades aeromóviles; cuando hay desastres naturales en territorio argentino (las inundaciones de Santa Fe, La Plata, las nevadas en Patagonia). Nosotros tenemos un despliegue territorial que en los ´90 se quería achicar. Incluso perduró bastante en el tiempo esa idea y quedó reflejada en la Ley de Reestructuración. Hoy, por lo menos en el caso del Ejército, el despliegue territorial que se tiene es muy importante para llevar acabo estas tareas. Esto le dio visibilidad a las Fuerzas Armadas.

    Con lo que no estoy de acuerdo es con la frase que las Fuerzas Armadas se han amigado con la sociedad; eso me parece anacrónico, como insistir con el control civil de las Fuerzas Armadas. Me parece que las Fuerzas Armadas desde los ´90 han dado muestras de estar subordinadas al poder político. Por ejemplo, durante la crisis del 2001 se los pidió que repriman las protestas y ellas se negaron.

    Me parece que las Fuerzas Armadas ya asumieron cuál es su rol en esta etapa de la historia. Somos nosotros, los civiles, los que tenemos que asumir que para un proyecto de país, como el que se intenta impulsar actualmente, desarrollado e industrializado en los términos del siglo XXI, se necesitan Fuerzas Armadas.

    ME PARECE QUE LAS FUERZAS ARMADAS YA ASUMIERON CUÁL ES SU ROL EN ESTA ETAPA DE LA HISTORIA. SOMOS NOSOTROS, LOS CIVILES, LOS QUE TENEMOS QUE ASUMIR QUE PARA UN PROYECTO DE PAÍS, COMO EL QUE SE INTENTA IMPULSAR ACTUALMENTE, DESARROLLADO E INDUSTRIALIZADO EN LOS TÉRMINOS DEL SIGLO XXI, SE NECESITAN FUERZAS ARMADAS.

    Una vez un estudiante civil me pregunto en la Maestría en Defensa Nacional para que queremos Fuerzas Armadas. Un general se me adelanto y respondió por mi: el Estado nacional es el que tiene el monopolio de la violencia legítima y éste lo proveen las Fuerzas Armadas. Si hacés política exterior sin dientes (que serían las Fuerzas Armadas) pueden pasar dos cosas si te invitan a una mesa de negociación: que no te presten atención porque no tenés dientes o que te conviertas en el plato principal.

    Entonces, “control civil de las Fuerzas Armadas” no. Tenemos que aprender, los civiles, a conducirlas, dialogar con ellas, porque ellos se forman en temas que ningún civil conocerá en profundidad, como son la doctrina o la logística. Hay que trabajar con ellos sin confundir el rol que le toca a cada uno, el nivel estratégico nacional y el nivel estratégico militar. Hay que escucharlos porque ellos saben la parte técnica, la táctica y la parte operacional; escuchar el asesoramiento y después el político tiene que tomar las decisiones que haya que tomar.

    ZM – ¿Cuáles son los consensos básicos que usted podría compartir y considerar con sus pares académicos, superando las diferencias de ideologías y posiciones políticas a la hora de pensar la Defensa Nacional?

    SE – Todos compartimos el diagnóstico que Argentina necesita recuperar capacidades militares. Compartimos algunas prioridades en cuanto a reequipamiento. Por ejemplo, necesitamos una flota de submarinos y una aviación de combate. También otras que están vinculadas a la defensa indirectamente: un lanzador espacial, un satélite con un transponder militar; apostar a esa tecnología, a los drones, a la propulsión nuclear. Hay nichos importantes a desarrollar que han quedado parados durante la gestión anterior y que son tecnologías del futuro. En estas cosas no creo que haya diferencias.

    Coincidimos en el diagnóstico y las capacidades pero no se termina de internalizar que el Atlántico Sur, la Antártida, las islas del Atlántico Sur y Patagonia son relevantes geoestratégicamente y que ello te define el diseño del instrumento militar. Argentina durante muchos años internalizó (cuando te apropiás y no te das cuenta que es ajeno a vos) doctrinas que no respondían a los intereses estratégicos de Argentina: La doctrina de seguridad nacional, las nuevas amenazas, cosas que no tienen nada que ver, a mi criterio, con los intereses estratégicos de nuestro país.

    No me refiero a negar el problema del tráfico de droga, sino que hay que analizarlo y darle su justa dimensión. Por eso, yo no quiero a las Fuerzas Armadas para eso, porque no sirven y porque tenemos intereses estratégicos de los que ocuparnos. Las quiero para tener dientes, que Argentina pueda salir al mundo a hacer negocios, a exportar, a jugar un rol relevante en el escenario regional e internacional: no somos Alemania, pero tampoco Luxemburgo. No hay que ser bipolares a la hora de las definiciones estratégicas. No es que no somos nada pero tampoco estamos en el primer mundo.

    ZM – Pensando en el espacio académico como un asesor natural a la gestión política, ¿qué propuestas se le ocurren para cambiar, profundizar o mantener en la política de Defensa Nacional?

    SE – Uno de los cargos más importantes que se definen en Estados Unidos es el Secretario de Estado y el Secretario de Defensa. En Argentina es el Ministerio de Economía. Me parece que hay una cuestión de soft power interno, que debemos internalizar que tenemos un país grande y que ese país, que vive en un mundo en transición donde la “paz perpetua” no soluciona los problemas.

    Hay toda una cuestión cultural a nivel sociedad y clase política de darse cuenta que nosotros vamos a seguir siendo un pato rengo en política exterior sin una política de defensa acorde a los intereses estratégicos de Argentina. Ahora si deseamos ser un paraíso financiero o exportador de materias primas, eso implica que no necesitamos Fuerzas Armadas. Argentina tiene un potencial de desarrollo científico-tecnológico importante, eso persiste y se observa en el INVAP, en el CAREM, en el tema aeroespacial, entre otros. Me parece que no hay que comprar viejas recetas sino mirar cuales son los nichos que nos convienen ahora.

    Hay todo un trabajo de concientización que tenemos que hacer con la clase política y con la sociedad en general. Que no visualicen la defensa como un gasto sino como una inversión. Juan Battaleme me decía que la defensa no es un seguro, sino que es la puerta, uno abre la puerta cuando quiere. Nosotros sin defensa no vamos a tener esa puerta, no tenemos la posibilidad de elegir a quién dejamos entrar y a quién no. A esa frase de Juan agrego que la puerta no es solamente para cerrarla cuando lo necesitemos, sino también para abrirla hacia dónde queremos ir.»

    https://agendarweb.com.ar/2021/02/14/sergio-eissa-el-atlantico-sur-es-relevante-geoestrategicamente/



  • Concuerdo totalmente con la nota, muy buena.



  • Coincido y lo vengo diciendo, Brasil es el socio estratégico indiscutible de la Argentina. Coincido también en la mirada hacia Chile, siendo que el nuevo eje de poder esta cambiando desde el Atlántico Norte al Pacifico, los puertos de Chile serán una puerta necesaria vara conectarnos al nuevo flujo de comercio mundial. No coincido respecto de "las Fuerzas Armadas lograron una visibilidad que no tenían", No es así para la ciudadanía que desde hace años tiene una clara percepción y acercamiento a las FFAA. Eso lo he palpado en cada desfile y exposición militar de la que participe y mucho más en el interior donde siempre estuvieron presente haciendo acción social (vacunacio, asistencia sanitaria, etc.) y actuando ante catástrofes (inundaciones, incendios, etc.) Incluso muchas unidades tiene gran valor economico por el movimiento comercial que generan en pequeñas localidades del interior. Quienes comenzaron a ver distinto a las FFAA, a patir de la pandemia, son los políticos, se dieron cuenta de su valia y como le sacaron "las papas del fuego",



  • @Darwin Hola, un comentario vinculado al tema, Mariana ALTIERI en zona militar publicó hoy: Mariana Altieri: «Argentina necesita desarrollar capacidades Anti-Acceso y de Denegación de Área (A2/D2) para el Atlántico Sur» excelente, esclarecedor y demuestra que lo que pregonamos en este foro cada vez es mas compartido y profundizado en otros medios. recominedo su lectura. Muchas gracias a todos



  • Muy buenas ambas notas, la de Sergio Eissa con algunas más definiciones como la de la Hidrovia como salida del narcotráfico. No hay que ser un cerebro para enlazar con quienes querían distraer con ley de derribo y rol policial para las ffaa, y por atrás alentaban la evasión y el tráfico priveligiando el canal punta indio en detrimento del magdalena..



  • Les dejo una larga entrevista a G. Ferreyra, muy interesante, toca los temas que habitualmente se debaten en el foro, relaciones internacionales, soberanía, economía, sociedad, etc.
    Una visión interesante del modelo de país a construir. Se puede compartir o no, pero por favor no lo reduzcan a una discusión de cuadernos y/o bolsos.

    https://dangdai.com.ar/2021/02/24/vamos-a-un-yalta-2-con-liderazgos-de-nuevo-tipo/

    Vamos a un Yalta 2, con liderazgos de nuevo tipo”
    24 febrero, 2021
    El titular de Electroingeniería, el empresario Gerardo Ferreyra, mantuvo un largo diálogo con la revista Crisis en el cual habla de la pujanza china en su reemergencia histórica como poder global, su modelo socialista, las inversiones en Argentina y su experiencia como empresario vinculado al país asiático.

    –Gerardo Ferreyra y el peronismo con características chinas

    El titular de Electroingeniería SA es un empresario sui generis: militancia política apasionada, diez años en prisión y una firma que llegó a los primeros planos de la escena nacional, hasta que el macrismo le cortó las piernas, desguazó sus activos y lo envió a la cárcel. Ya de regreso en sus oficinas corporativas, se entusiasma con el cambio de la hegemonía geopolítica después de la pandemia y promueve un debate clave al interior de la coalición oficialista: ¿seguiremos siendo un satélite de Estados Unidos y Europa o llegó la hora de una alianza estratégica con China y Rusia? Habla Gerardo Ferreyra, el cordobés que sueña en mandarín.

    Por Mario Santucho. Crisis

    Cuando en junio de 2019 el empresario cordobés Gerardo Ferreyra abandonó el penal de Ezeiza, había cumplido una década en las cárceles argentinas: nueve años durante la dictadura militar, por integrar el Partido Revolucionario de los Trabajadores con la ilusión de destruir al capitalismo; y uno en las postimerías del gobierno cambiemita, por participar en el renacimiento del peronismo del Siglo XXI.

    Casi dos años y una pandemia después, el dueño del veinte por ciento del paquete accionario de Eletroingeniería SA asiste todos los días a su despacho en el microcentro porteño e intenta relanzar las obras de infraestructura paralizadas durante el gobierno de su colega Mauricio Macri: “Con la nueva administración de los Fernández, y a pesar de la pandemia, volvimos a poner en marcha el principal contrato que son las represas y tres interconexiones de 500 kilovoltios. Ahora nos falta la central termoeléctrica Manuel Belgrano II, una usina de 830 megavatios y 1300 millones de dólares, donde estamos en etapa de adecuación del financiamiento. Y luego nos quedaría pendiente relanzar el Río Subterráneo Sur para AySA. Estas dos últimas obras también financiadas por China, específicamente por el Exim Bank”.

    Pero esta entrevista no versa sobre justicia ni ingeniería, sino sobre geopolítica. Ferreyra es un promotor apasionado del modelo de desarrollo chino y propone un alineamiento decidido con el gigante asiático, aunque eso signifique romper amarras con el hegemón norteamericano. Se trata de un debate pendiente, que bulle de manera solapada al interior de la coalición oficialista.

    “Vamos hacia un Yalta 2: va a quedar de un lado Occidente y su cultura consumista y neoliberal, con un líder que será Biden; y habrá dos líderes en Euroasia que son Xi Jinping y Vladimir Putin, quienes salen exitosos y fortalecidos de la pandemia”, pronostica el empresario y cuenta que lee cada mañana tres diarios publicados en Pekín.

    “China aumentó las exportaciones un 3% a lo largo de la pandemia mientras disminuyeron las importaciones, lo que da como resultado un fortalecimiento de su balanza comercial. Y toda su economía creció 2%, en plena recesión por el virus. Según el FMI va a crecer un 8,2% en 2021. Esto fue posible porque lograron anular completamente la pandemia en su territorio: hace unos días tuvieron el primer muerto en ocho meses. Los chinos desarrollaron tres vacunas y dos los rusos. Y lo hizo el Estado, no la empresa Pfizer, que tiene como accionista al fondo Blackrock. Luego de esta tragedia para la humanidad, queda demostrada la superioridad de los estados en la gestión de la crisis”.

    Ferreyra es un promotor apasionado del modelo de desarrollo chino y propone un alineamiento decidido con el gigante asiático, aunque eso signifique romper amarras con el hegemón norteamericano. se trata de un debate pendiente, que bulle de manera solapada al interior de la coalición oficialista.

    Hijo de un docente que llegó a ser director de colegios públicos y de una modista que también trabajaba como ama de casa, Ferreyra comenzó sus estudios en la Universidad Nacional de Córdoba en pleno 1968, mientras las barricadas ardían en París. Un año más tarde estallaría el Cordobazo. A los pocos meses de graduarse como ingeniero ingresó a su segunda licenciatura, esta vez en la Unidad Penitenciaria 1 de su provincia natal –con “pasantías” en el penal de Sierra Chica y en la prisión de La Plata. “Los radicales tampoco nos indultaron ni votaron una amnistía, pero resolvieron caso por caso en menos de un año. Tuve que esperar hasta bien entrado 1984 para recuperar la libertad”, recuerda.

    A Electroingeniería entró en 1986 y lo enviaron a una obra en La Rioja. Cuenta un empleado de la empresa que Ferreyra estuvo a punto de renunciar, pero le ofrecieron representar a la empresa en Buenos Aires para evitar su salida. En 1993 se convirtió en accionista, luego de un conflicto entre los dueños originales que culminó en una división patrimonial.

    Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner la empresa alcanzó el estatus de actor protagónico en la escena nacional. Mientras tanto Ferreyra adscribió al justicialismo, cambiando al Che por Perón y a Lenin por Mao.

    ¿Cómo sería el Yalta 2 al que te referías antes?

    —Así como en Yalta 1, que fue el acuerdo celebrado al finalizar la segunda guerra mundial entre Churchill y Roosevelt por el lado occidental y Stalin por la parte oriental, ahora se da vuelta y vamos hacia un nuevo orden con primacía del Oriente.

    El peronismo durante la guerra fría propuso una “tercera posición”, evitando comprometerse con alguno de los polos. Vos planteás un alineamiento directo con China y Rusia.

    —Perón en 1965 le envía una carta a Mao, donde le propone una alianza. En ese momento China llevaba 15 años de revolución y era un país emergente y subdesarrollado de los más pobres del planeta. Recién en 1968 consiguieron la soberanía alimentaria. La diferencia con el momento actual es que ahora China es la principal potencia mundial, por lo que una alianza estratégica debería ser una obviedad. Sobre todo si, 55 años después, Argentina sigue siendo una neocolonia.

    ¿No existe el riesgo de pasar a ser una neocolonia de China ahora, en lugar depender de Estados Unidos?

    —El que está surgiendo es un liderazgo de nuevo tipo. Es un pueblo que fue destruido y tupacamarizado por las 5 o 6 potencias occidentales en la guerra del opio; y vuelto a destruir en la segunda guerra mundial; pero que sin embargo resurge gracias a un liderazgo como el del Partido Comunista, fundado en 1921, que en el 49 toma el poder y hoy desarrolla una sociedad que propone reglas de juego de cooperación, no de sumisión. Es más difícil en este sentido que haya una política de sometimiento. Por supuesto, Argentina tiene su movimiento nacional y va a saber defenderse de las políticas de dominación.

    Me queda claro tu entusiasmo con China, ¿respecto de Rusia tenés la misma expectativa?

    —Bueno, China y Rusia han hecho una alianza. Hubo una política del imperialismo en los años sesenta para dividirlos, que con la caída de la Unión Soviética logra su cometido. Pero China siguió construyendo su modelo de socialismo, hoy es una potencia y al cicatrizar sus heridas históricas con Rusia promueve una asociación que supera el poder de Estados Unidos y están construyendo un nuevo orden mundial.

    Hay quienes dicen que un sector importante de la población no toleraría un modelo como el que propone China porque le parece autoritario y atentaría contra la propiedad privada. ¿Cómo se hace para imponerlo?

    —Y bueno, es un cambio cultural. Con la toma del Capitolio queda al desnudo que quienes adhieren a la cultura del hiperconsumismo, ¿cómo terminan? El principal proveedor de Estados Unidos para sostener el hiperconsumismo barato, que al mismo tiempo es su principal acreedor, es China. Esa cultura tiene que cambiar, porque lleva a lo que pasó ahora en la metrópolis del modelo: que priorizan la rentabilidad empresaria y las disputas partidarias por el poder, en lugar del desarrollo nacional. Dos cosas que precisamente en China suceden de manera opuesta.

    Sin embargo, el kirchnerismo no cuestionó sino que por el contrario estimuló esa cultura hiperconsumista que cuestionás.

    —En alguna medida, sí. La gente compraba bienes de uso y no tenía acceso al crédito hipotecario que si querés era la principal necesidad popular. Por eso digo que es un tema cultural que hay que cambiar y hace a todo un imaginario colonial.

    Al mismo tiempo, esa misma promesa de consumo es uno de los núcleos duros de la legitimidad del kirchnerismo.

    —Sí, el consumo fue uno de los principales motores del modelo económico kirchnerista, que a su vez estaba sostenido por las paritarias. Pero, ¿qué hacía en general la clase trabajadora con los excedentes de esa duplicación de su salario en moneda convertible? Compraba dólares también. Esa es la cultura que tiene que cambiar. Porque además el dólar va a sufrir (hoy, mañana o pasado) una decadencia y va a dejar de ser el objeto del deseo. Y en ningún otro lugar del mundo vos podés ir a comprar dólares todos los días.

    Uno de los riesgos de un modelo de desarrollo donde la centralidad absoluta es ocupada por el Estado es la corrupción. ¿No te parece?

    —No es algo inevitable. Así como el gran capital financiero ha demostrado que no tiene límite en la codicia, también los estados han demostrado que tienen corrupción adentro. Hoy en China hay 1.200.000 funcionarios públicos procesados…

    ¿Tantos?

    —Bueno, no es tanto. El Partido Comunista tiene 90.000.000 de militantes, o sea que es poco más del 1% de los militantes. Y tiene que haber un sistema de control, sin dudas. El modelo que yo promuevo es el de asociaciones mixtas con auditorías eficientes.

    El modelo que planteás se parece bastante al que ha desplegado Venezuela, ¿por qué pensás que allí hay una crisis económica y social tan grande?

    —Venezuela está enfrentando una crisis debido al bloqueo y a la invasión a que lo tiene sometido Estados Unidos, que procuró por todos los medios impedir la consolidación de un eje regional independiente. Pero hay que esperar, porque según la geopolítica actual esta posibilidad es hoy más viable que hace 20 años, con una China ya claramente afincada como principal potencia mundial. Para mi la pandemia es un escenario que cambia todo, primero porque vamos a tener que convivir 4 o 5 años con ella, y segundo por las secuelas que dejará. Estados Unidos tiene 400 mil muertos, el doble de lo que tuvo en la Segunda Guerra Mundial. Es el país más afectado de la Tierra.

    Adiós a la burguesía nacional

    “Gerardo, yo tengo muy buenas referencias tuyas. Por eso quiero decirte claramente cuáles son las reglas de juego: si te arrepentís te vas inmediatamente en libertad, y si no vas a la cárcel”. Ese fue el mensaje que le trasmitió el fiscal de la famosa “causa de los cuadernos”, según declaró nuestro entrevistado ante la Cámara Federal de Casación Penal. Como se negó a colaborar, Stornelli cumplió con la amenaza y el 6 de agosto de 2018 comenzó la segunda temporada de Gerardo Ferreyra en las prisiones de la patria. Esta vez le tocó Ezeiza.

    El accionista de Electroingeniería fue el único empresario que no cedió a la extorsión de los grupos de poder judiciales, mediáticos y políticos, cuyo objetivo evidente consistía en desmontar lo hecho durante doce años por el kirchnerismo y destruir civilmente a sus principales figuras y representantes, comenzando por la propia ex Presidenta.

    Pero si bien Ferreyra ubica al gobierno de Mauricio Macri como el principal culpable de sus desdichas, hay una enseñanza más importante y demoledora: “Durante la última etapa del peronismo en el gobierno, en los doce años y medio que van desde 2003 al 2015, la mayoría de las empresas industriales líderes duplicaron, triplicaron y hasta cuatriplicaron su patrimonio. Sin embargo, al momento de ser convocadas por el juez Bonadío, en lugar de defender a ese modelo lo denuncian, se arrepienten y hasta mienten para sacar de la carrera política a los líderes que generaron esa prosperidad. La causa de los cuadernos es una radiografía que muestra a las claras que la burguesía argentina no tiene conciencia de clase. Porque se convierte toda en delatora, o quizás toda no pero en su gran mayoría, sobre todo las más emblemáticas como Techint, que durante el kirchnerismo se convirtió en uno de los dos o tres grandes jugadores del acero a nivel global”.

    ¿No existe entonces la tan famosa burguesía nacional?

    —La idea, o la utopía quizás, de una burguesía nacional tuvo un período de vigencia con el peronismo a mediados del siglo veinte. Logró avances importantes, pero siempre apoyados en un Estado con capacidad de hacer. Y hubo un desarrollo industrial fenomenal, al calor de las grandes empresas y los grandes objetivos estatales. Yo con el tiempo fui redescubriendo que durante el mismo gobierno de Perón se inició y desarrolló la energía nuclear en la Argentina, primero a modo de prototipo, experimental, pero después se logró una masa de científicos con formación que lleva a que hoy, con todas las disrupciones del caso, haya tres centrales nucleares en funcionamiento –el único país en América Latina. Y tiene un cuerpo de especialistas en la actividad nuclear para uso pacífico –medicinal y energético– y eventualmente para la defensa, que la hace atractiva para inversiones que hoy pueden venir. Yo creo van a ser de carácter estatal, porque internacionalmente el capital privado está atravesando un momento de destrucción de patrimonio. La Federación Rusa está interesada en financiar aquí un Centro Integral de Desarrollo Nuclear, ya lo hizo en Bolivia, que tenga como eje una nueva central del energía nuclear, lo cual genera soberanía al suplir la importación de gas que hoy necesitamos. También el Estado chino tiene interés.

    ¿No se necesita un nuevo sujeto empresario? ¿Y qué función debería cumplir la burguesía en el modelo que estás proponiendo?

    —Tiene que ser un empresariado que se asocie con empresas estatales y acompañe una política de desarrollo. Solo, per se, el empresariado tiende a contaminarse de la cultura neoliberal, se posiciona en dólares, fuga divisas, crea activos en el exterior, esa cultura tiene que cambiar. Se empieza por el estado, luego sigue el empresariado y después la sociedad toda.

    Vos no estarías muy de acuerdo entonces con esta idea de promover las translatinas, es decir que empresas argentinas puedan trasnacionalizarse.

    —No, yo creo que Argentina hoy es una semicolonia y sería atípico que una empresa nacional pueda crear activos en el exterior. No me refiero a crear activos financieros en el exterior, sino compañías o sistemas de producción en países extranjeros. Algo así solo sería posible a partir de ganancias extraordinarias pero todavía no se ha completado el desarrollo en Argentina como para promover que empresas argentinas inviertan en el exterior. A mí me parece más lógico que completemos una etapa de desarrollo local, para despues aspirar a asociaciones translatinas.

    Pero, ¿para qué sirve una burguesía cuyo ciclo de acumulación depende totalmente del financiamiento y la regulación estatal?

    —La crisis de las hipotecas subprime en 2008 mostró que la actividad especulativa y financiera del gran capital no tiene límites en su codicia. Y ellos mismos, desde el sistema financiero, dijeron que para salir de esa gran crisis que contaminó al mundo y trajo desocupación, desconfianza y destrucción de patrimonio, se necesitaba una regulación estatal verdadera. Es decir, la regulación del estado tiene que estar presente. Más aún en los países como el nuestro, que tiene que lidiar con la ambición desmedida del empresario monopólico y del gran capital financiero, que a veces es más poderoso que el Estado. Si no hay regulación estatal no hay defensa de los intereses nacionales. Por otra parte, hoy frente a la pandemia vemos que las únicas naciones (o culturas, porque China es más una cultura que una nación) que han respondido a esa terrible amenaza con éxito, son las que tienen a un Estado presente, a un partido organizado y a un líder respetado por la sociedad. De modo tal que cuando dispone políticas como el confinamiento, tienen una disciplina que les permite enfrentar los desafíos sociales con éxito. En el caso nuestro, el socio de la República Popular China es una empresa estatal pero que cotiza en bolsa también. Es un modelo mixto: estatal con control privado, porque los accionistas están atomizados en miles y miles de chinos. Las empresas más exitosas de Europa fueron estatales, o con control estatal, o de los trabajadores en el directorio de las compañías.

    Si le otorgás tanta centralidad al Estado, ¿por qué no hacer que las empresas sean directamente estatales? ¿Cuál sería el sentido y la función de la empresa privada en ese esquema?

    —Porque también el estado necesita un control del privado que busca la rentabilidad. Ahí se produce el equilibrio: no a la codicia, pero no también a la burocracia estatal. La sociedad mixta permite que la empresa, regulada por el estado, cumpla su objetivo que es ser eficiente y rentable.

    Si tuvieras que hacer una caracterización del empresariado argentino, ¿lo ves como un todo bastante homogéneo o harías algunas distinciones?

    —Muchos empresarios argentinos no tienen una perspectiva propia sino que se amoldan al gobierno de turno. Es vergonzoso, pero al menos en la actividad en la que participamos nosotros, que es ingeniería en construcciones, lo dicen descaradamente: “nosotros tenemos la obligación de ser oficialistas, porque nuestro comitente es el gobierno”. Vino Macri y se convirtieron todos en neoliberales a pesar de que la construcción perdió el 30 o el 40% del empleo en blanco que tenía. Y de la actividad.

    muchos empresarios argentinos no tienen una perspectiva propia sino que se amoldan al gobierno de turno. es vergonzoso, pero lo dicen descaradamente: “nosotros tenemos la obligación de ser oficialistas, porque nuestro comitente es el gobierno”. vino macri y se convirtieron todos en neoliberales a pesar de que la construcción perdió el 30 o el 40% del empleo en blanco que tenía.

    En ese rubro, además de ustedes estuvieron Calcaterra, Caputo, Indalo y Pampa Holding, como las empresas que más crecieron durante el kirchnerismo.

    —Toda la Argentina creció, comenzando por los trabajadores. A diferencia del modelo neoliberal que anula las paritarias en beneficio de la acumulación financiera, a través de una política de endeudamiento, del 2003 al 2015 la primera herramienta que puso en marcha Néstor Kirchner fueron precisamente las paritarias. A partir de ahí es que se torna posible la creación del mercado interno. Te lo resumo: entre el 2007 y el 2012 nuestros trabajadores de Luz y Fuerza multiplicaron por 2,5 en dólares su salario. Eso es crear un poder adquisitivo que mueve toda la actividad, la de alimentos, vestimenta, turismo, gastronomía. Y con un nivel de desempleo del 6%. Yo creo en ese modelo del compre nacional y el vivir con lo nuestro.

    El esquema empresario que vos promovés pasa por la asociación entre empresas argentinas y empresas estatales de países como China y Rusia, que puedan brindar financiamiento en acuerdo con el estado argentino.

    —Exacto: controlado y auditado por el Estado argentino, en licitaciones internacionales. Pero que vengan a radicar patrimonio acá, no que sea una deuda que no la ve el pueblo. Entra y sale, se fuga, o genera más deuda por las tasas altas. En el modelo que propongo las inversiones vienen y ya no se van nunca: una hidroeléctrica, por ejemplo, queda aquí para siempre.

    Salario, tarifas y ganancia

    Ferreyra no solo padeció la persecusión judicial durante el macrismo, sino también sus decisiones económicas. Según sus cálculos, hacia el final del gobierno de Cristina Fernández la facturación promedio anual de la empresa fue de 500 millones de dólares; entre 2015 y 2019, por el contrario, cayó a un promedio de 58 millones, es decir un descenso porcentual de casi el 90 por ciento. “El rojo anual lo cubríamos con ventas de activos. El activo más importante que vendimos fueron las acciones de Transener, la compañía de Transporte de energía. Y también Transba, compañía de Transporte de Energía en la provincia de Buenos Aires. También vendimos contratos de obras, terrenos e inmuebles. Y la dotación de personal bajó más del 70 por ciento: pasamos de 2.500 trabajadores directos a aproximadamente 350 empleados en sede. En represas tuvimos que vender participación accionaria en la UTE de construcción y perdimos el liderazgo de las obras locales. También perdimos la totalidad de las líneas de crédito con los Bancos Nación, Macro, Galicia y de Córdoba”, enumera de un tirón como si se hubiera aprendido de memoria un informe escrito.

    Electroingeniería conoce bien el sector energético, que es clave. Y durante el macrismo las empresas del rubro se vieron beneficiadas con el aumento de las tarifas, ¿verdad?

    —Nosotros durante el kirchnerismo no tuvimos tarifas. Electroingeniería tuvo una pérdida de decenas de millones, porque invertimos y nunca pudimos sacar un peso de la compañía. Sin embargo Transener, que es la principal transportista en todo el país y que dirigimos durante varios años, nunca tuvo problemas para abastecer como corresponde, porque dimos la batalla y si bien no tuvo tarifas sí conseguimos la remuneración para reponer los equipos que entraban en período de obsolecencia. Hubo ampliación del sistema de transporte de energía, quedaron interconectadas 9 provincias que no lo estaban, de 14 saltamos a 23. A lo largo de doce años tuvimos una pequeña recomposición tarifaria, prácticamente inexistente, y una remuneración que iba destinada a la inversión monitoreada por el ENRE. Sin embargo, cuando se dolarizaron las tarifas durante el macrismo, que permiten ganancias extraordinarias para las empresas que alimentaron la fuga de divisas, se produjo el apagón más grande del sistema de interconexión el día del padre de 2019. Quiere decir que no es un problema de tarifas sino de gerenciamiento, de dedicación. A partir de esa experiencia yo te digo que hay que hilar fino para determinar cuál es la tarifa conveniente. Se puede hacer un equilibrio.

    Eso implicaría segmentar y lo que siempre escuché es que el Estado argentino no tiene la capacidad de establecer tarifas diferenciales con eficacia.

    —Hay que historizar un poco: a partir del 2007, cuando el peronismo elige a Cristina Fernández como candidata a la presidencia, los medios más importantes del país deciden romper y comienzan a hostigar al gobierno, porque se dan cuenta de que la sucesión indefinida entre Néstor y Cristina les impide tener influencia en quién será el candidato para los gobiernos que vendrán. Al año siguiente, en 2008, viene una ofensiva contra un aumento tarifario que el gobierno ya había lanzado con la modalidad de la segmentación, pero aparecen organizaciones defensoras de consumidor, infladas por el jefe del cuarto poder, que lo impiden. Entonces, no es fácil porque aquí hay elecciones cada dos años.

    Y esa es la discusión que hay ahora, ¿verdad?

    —Así es. Están los que piden que se mantenga la dolarización; y hay otros que dicen que no, que se trata de regularlas estableciendo una tarifa razonable. La primera posición la definió muy bien el ex ministro de Energía, Aranguren: hay que pagar a valor de mercado y el que no puede no consumirá. Eso es neoliberalismo puro y duro.

    Pero vos conocés el sector, ¿te parece sostenible congelar las tarifas por tiempo indeterminado?

    —En los noventa, cuando todos los servicios públicos fueron privatizados, del salario medio del trabajador argentino el total de los servicios representaba un desembolso del 25% del ingreso familiar, mientras el 75% era para todos los demás. El kirchnerismo llevó esa cifra al 6%. El 19% restante, que ahora los trabajadores se ahorraban, lo ponían en el mercado. Al mismo tiempo, en los noventa el sector servicios pasó a representar el 75% del producto nacional, mientras la producción significaba el 25%. El kirchnerismo dio vuelta esa relación. Este modelo que yo defiendo, además, nos llevó al desendeudamiento. Por el contrario, el menemismo nos llevó al default. ¿Cuál es más sostenible?

    Me interesa preguntarte por el año que estamos comenzando: 2021. Sin financiamiento estatal para subsidios, ni margen político para aumentar las tarifas, ¿cómo hacemos?

    —El empresariado argentino cree que el gobierno son empleados de ellos, que los ministros, secretarios de estado, incluso el presidente, tienen que trabajar para sus intereses. La máxima expresión de ese criterio es la frase “ser presidente es un puesto menor”. Yo recuerdo que discutía con ellos y me decían “pero Gerardo, tenemos un defícit fiscal de 5 por ciento, eso no es sostenible”. ¿Sabés cuanto es el déficit de Estados Unidos hoy? El 15%.

    ¿Vos decís que hay margen para emitir?

    —Sí, promoviendo asociaciones con otros Estados y siendo coherentes con un modelo de desarrollo industrial nacional, no tengo dudas. Hoy el Banco Central volvió a tener casi 40 mil millones de dólares de reservas y la mitad son por un apoyo del estado chino, el swap. Cuando el vínculo es de estado a estado lo que se busca es el desarrollo, es otro modelo que el neoliberal: financiamiento directo, compra de vacunas con precios inclusivos. Xi Jinping le dijo en 2014 a Cristina, yo estaba en la mesa porque íbamos a firmar la asociación por las represas, que a ellos no les interesa una relación donde ganen ellos y nosotros perdamos, porque así se quedan sin socios estratégicos. Le dijo que no les interesaba tener el superávit comercial que había en ese entonces. Y nosotros gestionamos un crédito por 5500 millones de dólares que por primera vez viene a pagar salarios en la Argentina. Por lo general, los europeos financian el producto que ellos te compran, nada más. Brasil también, en la época del BNDes. Bueno, China financia el salario de los 2100 trabajadores que tenemos hoy. Ese modelo que yo promuevo, después de la pandemia, contrasta con el antimodelo de la metrópolis. Es antagónico.

    ¿Qué pensás de los movimientos comerciales que están teniendo lugar en las eléctricas?

    —Bueno, no hay que perder de vista que en el gobierno hay una coalición. Y los empresarios que la han apoyado están pasando la factura. Por otro lado, yo defiendo el ajuste de tarifas pero en moneda local, con una fórmula razonable y con sectores que sean subsidiados. Si hay inflación tiene que haber reajuste. Además, defiendo que los servicios esenciales no deben quedar en manos de los privados. Ni el agua, ni el gas, ni la electricidad. Y hoy se suma internet, en eso estuvo muy bien el gobierno.

    ¿Las empresas proveedoras de servicios esenciales tienen que ser estatales?

    —Pueden ser mixtas, pero la acción de oro tiene que ser estatal. La pandemia convierte en un asunto de soberanía la cuestión de quién es el propietario de las cadenas de supermercados. Y si no mirá la decisión del ministro francés de Finanzas Le Maire, que impidió la venta de Carrefour a una firma canadiense por una cuestión de seguridad alimentaria y soberanía nacional. Y es así. Las empresas que atienden a servicios esenciales para la población siempre debieron ser públicas y más ahora en pandemia.



  • MEXICO Y ARGENTINA SELLAN UN NUEVO EJE PROGRESISTA EN AMÉRICA LATINA

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    López Obrador y Alberto Fernández muestran una sintonía marcada por un objetivo común: terminar la ruptura con el pasado reciente y la herencia de los últimos gobiernos

    Los presidentes de México y Argentina sentaron este martes las bases de un propósito común que busca afianzar un nuevo eje progresista, o antineoliberal, en América Latina. La visita oficial que Alberto Fernández comenzó el lunes al país norteamericano tiene un significado que va más allá de la coyuntura, determinada ahora por el combate contra la pandemia de coronavirus y la gestión de las vacunas, y pretende fortalecer una alianza geopolítica en la región. Los dos mandatarios comparecieron en una conferencia de prensa conjunta en la que mostraron una profunda sintonía marcada por un objetivo: acabar de romper con el pasado reciente y la herencia de los últimos gobiernos.

    El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ganó las elecciones hace dos años y medio con un proyecto que prometía centrarse en los asuntos nacionales. La mejor política exterior es la política interna. Esa ha sido siempre una de las máximas del veterano político. Desde que llegó al poder ha evitado pronunciarse abiertamente o interferir en las cuestiones que más preocupan en América Latina. En las últimas semanas, sin embargo, la estrategia de su Gobierno ha cambiado, al menos aparentemente, y va encaminada a adquirir un nuevo liderazgo dentro de la región. Una iniciativa que Argentina se muestra decidida a apoyar sin muchos reparos. “Que México y Argentina estén unidos es un deber que tenemos. Que encaren un futuro común y que esto ayude a la América Latina es una obligación que tenemos, del país más norteño al más austral debemos ser capaces de trazar un eje que una a todo el continente”, afirmó Fernández.

    México se ha erigido de alguna manera en representante de los países perjudicados por el reparto internacional de las vacunas contra la covid-19. Lo recordó el canciller, Marcelo Ebrard, durante la comparecencia diaria del mandatario conocida como “la mañanera”. “La semana pasada lo planteamos en el Consejo de Seguridad a la ONU por indicaciones del presidente López Obrador. Es lo inaceptable que resulta el acaparamiento de las vacunas. Diez países están concentrando ya casi el 80% de las vacunas del mundo, lo peor se está acelerando”, lamentó el ministro de Exteriores. Su país, con una población de alrededor de 130 millones de habitantes, apenas ha administrado 1,7 millones de dosis.

    El Ejecutivo de Fernández apoyó esa protesta que reclama una distribución más equitativa. Pero ese solo es un paso concreto de una agenda compartida, que tiene además un gran alcance simbólico. El mandatario rememoró la protección brindada por México a los exiliados de la dictadura y la acogida que el Gobierno de López Obrador dio a Evo Morales en noviembre 2019, cuando el político argentino ya había ganado las elecciones pero aún no era presidente en funciones. La afinidad de los proyectos políticos es quizá la principal premisa para afianzar esa alianza.

    Fernández ha sido, además, el primer presidente en participar en una “mañanera”. Se trata de una muestra más de ese alineamiento, que es político e incluso personal. En palabras de Martín Borrego Llorente, director de la Subsecretaría para América Latina de la Cancillería mexicana, se debe a que hay “una química natural” entre ambos mandatarios. “Hay una sintonía de posiciones entre ellos y eso generó un diálogo fluido”, dijo. Las coincidencias ideológicas entre los mandatarios se tradujeron en elogios este martes. “Por fin México tiene un presidente con valores morales como merecen los mexicanos”, ha dicho el argentino. “Alberto es nuestro amigo”, ha respondido su par mexicano.

    El objetivo de López Obrador y de Fernández consiste, en última instancia, en promover un regreso a los equilibrios recientes, cuando el mapa geopolítico de América Latina estaba teñido de rojo, aunque ese color tuviera una amplia gama de matices. De la Argentina de Cristina Fernández a la Bolivia de Evo Morales, al Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, la izquierda gobernaba en casi toda Sudamérica. En Chile hace una década acababa de terminar su primer mandato Michelle Bachelet, quien volvió después, entre 2014 y 2018. Rafael Correa estaba en pleno ascenso en Ecuador. En Venezuela Hugo Chávez seguía en el poder y, pese a las críticas a su gestión, aún no se había acelerado la deriva social, institucional y económica de Nicolás Maduro.

    El fin del eje bolivariano
    Tras el desmoronamiento del llamado eje bolivariano, en los últimos meses se ha producido el regreso al poder de la izquierda heredera de Morales en Bolivia y en abril se celebran elecciones en Ecuador y en Perú. En el primer país, un candidato apadrinado por el expresidente Correa ganó con amplio margen la primera vuelta, el pasado 7 de febrero. Al mismo tiempo, se han multiplicado las actividades de organizaciones que promueven políticas progresistas como el Grupo de Puebla, fundado en la ciudad mexicana en 2019. En este contexto, México y Argentina, de norte a sur, encabezan las aspiraciones de cambio en la región.

    Eso era lo más importante, el mensaje primordial más allá de las sombras que planearon sobre la visita. El presidente argentino comenzó este viaje, el primero a México de un gobernante en funciones en una década y con objetivos en esencia comerciales, salpicado por el escándalo de las vacunas administradas en forma irregular a 70 personas influyentes, conocido como vacunatorio VIP. El caso, que ha abierto una profunda crisis política en el país sudamericano y costó el cargo al ministro de Salud, sobrevuela la visita cuando el foco está puesto precisamente en la gestión de las vacunas contra la covid-19. Fernández, sin embargo, pidió tratar el tema sin politizarlo y se dirigió a la justicia con un reclamo: “Terminemos con la payasada”.

    El político desdeñó la decena de denuncias presentadas para esclarecer las responsabilidades del caso, destapado el pasado viernes. “No hay ningún tipo penal en la Argentina que diga que será castigado el que vacuna al que se adelantó en la fila. No se pueden construir delitos graciosamente”, enfatizó el presidente, quien sostiene haber hecho lo necesario para pasar página. El escándalo de las vacunas desembocó en la dimisión de uno los ministros más fuertes de la Administración. El titular de Salud, Ginés González García, fue forzado a renunciar tras conocerse que se había inmunizado en la sede del ministerio a unos pocos privilegiados con buenos contactos en el poder. En la lista de los vacunados, que el Ejecutivo argentino dio a conocer este lunes, aparecen nombres como el expresidente Eduardo Duhalde y sus hijos, o el excandidato presidencial kirchnerista Daniel Scioli.

    Una de las denuncias llevó a la justicia a imputar este lunes a González García por abuso de autoridad y a registrar la sede del Ministerio de Salud en busca de pruebas. “Reaccioné y perdí un ministro”, recordó Fernández. “Si hay más responsables se van a tener que ir, pero no voy a hacerme cargo del escarnio público que están promoviendo sin medida en Argentina”, continuó.

    López Obrador evitó pronunciarse al respecto. “Respetamos mucho al Gobierno de Argentina y nosotros no vamos a opinar sobre este asunto en estos momentos”, dijo. El presidente mexicano aprovechó en cambio las preguntas formuladas por los periodistas para resaltar los cambios, la ruptura con el pasado, los últimos Gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto -una de las prioridades de su mandato- y cargar contra la prensa, buscando también en ello una afinidad con Fernández.

    “A veces la prensa no actúa con objetividad. Y en estos casos, como lo decía Alberto [Fernández], yo pensaba que nada más era en México, la prensa conservadora, los que apoyaban a los Gobiernos neoliberales, que saquearon, yo creo que en el caso de México no hay duda, en el caso de Argentina no puedo decir más de lo que me consta, que endeudaron a Argentina”, afirmó a propósito de la relación de ese país con el Fondo Monetario Internacional. “Eso sí me consta. Los organismos financieros internacionales, que supuestamente actúan con imparcialidad y que no participan en política, y eso es mentira” (EL PAÍS México).



  • Ojalá se forme un nuevo eje latinoamericano. México es un peso pesado. Pero vive una turbulencia irrefrenable. Y dos siglos de historia casi siempre de espaldas a Latinoamérica y de cara a EEUU.
    En lo personal, prefiero una construcción sudamericana. Me parece más estable, pero sumar a Centroamérica, el Caribe y México, aunque más difícil y volátil, agranda el barrio. Descolonización, para empezar.



  • Mis estimados:

    Aquí si deseo establecer algo más que una opinión.

    Estados Unidos y la cúpula Francmasónica intentaron resetear la economía mundial y para ello, soltaron el covid-19 o mejor conocido como SAR COV 2 que es un síndrome agudo respiratorio en fase 2 que nunca se había tenido y tampoco se disponía de información, medicamentos para su control, cura, tratamientos y esto ha contribuido a una crisis planetaria muy severa.

    Rusia, China y ahora México y la Argentina no han querido quedarse con las manos cruzadas y al fabricar vacunas, trabajar en equipo están protegiendo a los mercados no sajones o de la UE+RU así pues, Rusia y China detuvieron la estrategia de aniquilamiento de las economías para resetear la de las grandes potencias y, esto, permitió que Argentina y México empiecen a fortalecer sus economías, resolviendo problemas de mercado interno y deudas con la banca extranjera.

    Esto, es un juego Geopolítico al cual Obrador y Fernández ya se subieron y escogieron bando el Ruso-Chino y con ello, han evitado la quiebra de nuestras economías y, empezaremos a ver la consolidación de nuestro liderazgo en América.

    Ojo Fernández lo dijo América empieza en México y termina en el país más austral que es la Argentina y esa es el nuevo bloque y por ello los esfuerzos de producir 200 millones de vacunas para que todas las naciones latinoamericanas tengan acceso a la cura y no sea monopolio de la UE,RU y EEUU.



  • Si queremos ser ser un bloque tenido en cuenta, los tres grandes de la region deben estar alineados, Mexico, Brasil y Argentina, se trata de volumen de mercado y poder economico, eso eslo que vale en la agenda internacional. Te podes asociar con otros veiten Estados de Latino America y no tendrán el peso de Mexico o Brasil. Espero que fructufique la alianza, con Braisl no se va a poder avanzar demasiado por ahora con Bolsonaro, pero no es tan tonto y aquellos negocios que beneficien a ambos no los va a dejar de lado.


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